Pensar Lo Pensado | LA SOBREVIVENCIA: Razón única para un sujeto moral
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LA SOBREVIVENCIA: Razón única para un sujeto moral

Carlos Humberto Contreras Ferrer

Si esto sigue como ha estado todo el “santo día”, no nos quedan muchas esperanzas. ¡Qué angustia! Mi equivocación fue de “cabo a rabo” y aún no dejo de sorprenderme. ¿Cómo pude hacer el cálculo de manera tan errada? y aún a pesar de darme cuenta, no hacer mayor cosa. Me limito a mirar la pantalla que anuncia los vuelos y el AV8566 de las 5:45 pm sigue anunciando “mal tiempo” en mi ciudad. Creo que faltan dos sándwiches más por ingerir mientras espero ansioso. Reviso los otros destinos y el panorama no es muy diferente y la sala de espera se llena cada vez más y los ánimos tienden a alterarse gracias a algunos bulliciosos. ¿Cuántos tendrán preocupaciones similares a las mías? Busco miradas o expresiones faciales que me indiquen que piensan o que sienten y todos lucen igual…como si no estuvieran. Este clima tan variante, hace dos días eran jornadas calurosas y se pronostica que será muy lluviosa la semana que entra. Ya nadie sabe en realidad…se tiene conocimiento pero se perdió la sabiduría. Mis abuelos miraban las nubes y el vuelo de los pájaros para tomar decisiones con el cultivo de café.

Decido entonces volver a mi pregunta inicial: “¿Qué estará sucediendo en mi casa cuando mi hija llama y me deja mensaje de voz…”papi tenemos una crisis”?…y ahora nadie responde. Yo sabía que era importante viajar lo antes posible para estar allí, pero no pude. Ahora estoy aquí con un número indeterminado de “invisibles” y “ausentes” a pesar de que los veo…y la palabra “crisis” me taladra completo con su fuerza y su concepto concreto. Ya hasta mi hija con sus escasos ocho años dice reiteradamente “crisis” y creo que es producto de la televisión. La “crisis económica” con el descenso del precio del petróleo, la “crisis del oriente medio” con la proliferación de los grupos terroristas, la “crisis política” de Venezuela, la “crisis ambiental y social” de todos los países en especial los latinoamericanos,…hasta la “crisis de los 40 años” que sufren más los soñadores que se estrellaron con la realidad que los pragmáticos. De hecho, justo lo que está sucediendo en este momento en el aeropuerto puede ser una crisis. Yo estoy al borde una crisis de nervios. A veces es fácil entender el concepto “crisis”. Todo lo anterior, y sintiendo que estamos en un mundo global permite el uso del concepto “policrisis” que implica crisis que son producto de crisis de un nivel superior. Me remito a concebir que cuando una realidad dada se comporta sin mayores cambios y en medio de una cotidianidad monótona, está alejada de una crisis. Allí todo está ajustado y casi que es predecible. La crisis es el resultado de variaciones que tiene un sistema y las cuales éste no puede asimilar ya sea para volver a su condición normal o hacer una evolución.  La crisis, al provocar cambios abruptos hace que se piense en muchas cosas, tratando de buscar una o varias respuestas adecuadas. En mi adolescencia – mi primera crisis formal – me hacía varias preguntas que podrían parecer sin sentido… ¿qué va a ser de mi vida?, ¿pasará algo si mis músculos no crecen como lo están haciendo los de los otros niños?, ¿es importante venir al colegio?, ¿Por qué mi familia es pobre?… Todos estos interrogantes eran producto de esa adolescencia que siendo traumática en sí misma, me llegó además con la noticia de una miopía muy marcada que me adornó con unas gafas tan gruesas como antiestéticas. Eso sí era una crisis ad portas de mi ingreso a la vida social en forma, pero sin las condiciones competitivas para hacerlo. Obviamente hoy la palabra crisis tiene connotaciones más profundas y globales ya que quien está en crisis es todo el planeta y aquí recuerdo la expresión “titanic planetario” refiriéndose a la visión de una hecatombe previsible de nuestro planeta por la crisis que tenemos. Alguien más tranquilo podría decir “este mundo está de locos”, pero realmente lo que tenemos es una crisis que ha sido la acumulación de decisiones que hoy se discuten. Como sociedad, realizamos una combinación para nada afortunada de ciencia, técnica, economía y política. Las acercamos y alejamos a conveniencia con una miopía parecida a la mía a mis 13 años cuando ignorante de mi enfermedad, solía moverme hacia el objeto que esperaba ver, alejándome así de los otros y al final, teniendo siempre una visión parcial de lo que era mi entorno … y así mismo actuaba. Veo entonces que la sociedad se parece a mí y yo me parezco a ella. Mi miopía visual se esconde tras mis lentes de alta tecnología y la resignación de los años, pero mi miopía de desarrollo sigue activa. Consumista de profesión, parcializado por convicción y psico-rígido de formación, hacen de mí un representante digno de esta sociedad global. Nos parecemos y somos entonces, de manera masiva, causa y víctimas de una crisis que refleja lo que somos, que nos afecta pero que seguimos profundizando. De hecho, ya he tomado tres capuchinos usando vasos desechables diferentes, y en verdad, no me gusta el capuchino….pero así somos.

***

¿Cristiano Ronaldo o Messi?  En esa mesa intentan sobreponerse a esta espera con temas de ese tenor y en donde lo único que ha cambiado es la luz que nos ilumina. Ya el sol no aparece en el horizonte y las lámparas se encienden y  cubren la sala. También veo luces más allá del ventanal que recibe digno la impetuosa lluvia que arrecia con determinación. Mientras todo se hace más complicado en esta espera, el dilema en aquella mesa sigue y no se percibe una conclusión concertada en el corto tiempo. Justo en el momento en que suena un vaso caerse, el más joven de aquella reunión intenta dar por terminada la discusión con el mejor argumento, según él: “quiéranlo o no, Messi ha hecho más goles y por lo tanto es el mejor”. Se asoma un silencio que combina desconcierto e indignación, mientras que el declarante emprende camino hacia el baño con afán. Pienso en esa tendencia de la “cuantificación” que solemos tener en nuestras vidas y que aquí fue muy clara. No importa para este joven, que habla en nombre de la sociedad, la capacidad de trabajo en equipo (muy cualitativo), la disciplina de trabajo (muy cualitativo) y otros criterios más. Aquí, lo cuantitativo se sobrepone a lo cualitativo y determina las conclusiones que nunca se dan pero que se asumen. Conecto esto con la “crisis” y encuentro posibles causas de la misma y entre esas, esta tendencia de cuantificar y matematizar nuestros discursos al margen de otros análisis que quizás requieran argumentos más  profundos. Y es que en estas últimas décadas la sociedad ha actuado de esta manera, haciendo uso de una racionalidad (que algunos denominan clásica) en donde intentamos concebir el mundo de la manera más simple posible. Entonces no miramos toda la realidad sino que la fragmentamos porque quizás así es más fácil explicarla o vivirla, la cuantificación degrada lo cualitativo y la industrialización mueve incluso a la ciencia y sus resultados buscando un mundo más fácil o una existencia más cómoda en el corto plazo.  Esta forma de ver, vivir y en poco grado de sentir, sin duda, tiene que llevar a una crisis. Nuestra crisis global en donde la ética, la cultura, la moral y hasta el sentido común caen en la paradoja de ser conceptos mencionados rutinariamente pero incomprendidos y de tercer nivel. Un deterioro que genera crisis – llevándonos a ese titanic planetario – en la medida en que la naturaleza se percibe como un elemento pasivo a ser dominado y en donde el sentido común se tilda de “irracionalidad”. Este presente que hemos construido en donde la matemática se convierte en el instrumento preferido y casi único para representar y explicar la realidad, permitiéndole a la ciencia clásica reduccionismo y simplificación. Queremos una fórmula matemática que nos lo explique todo y nos ayude a tomar las decisiones “racionalmente” óptimas.

¡Qué mal! Acabo de caer en cuenta que en mi concepción, mis hijos van bien en el colegio porque tiene “notas altas” (desde lo numérico) y que veo el jardín de mi casa como un sitio para dominar y ajustar según mis conceptos de calidad de vida. Me enteró así que no me diferencio en nada de nuestro joven comentarista deportivo que zanjó la discusión desde lo cuantitativo. También soy similar al científico que fragmenta la realidad, se aleja de ella para explicarla y concluye brindando una fórmula matemática que explica algo que él entiende, pero que en verdad, ni yo y mucho menos la naturaleza – de la que soy parte integral – logramos asimilar como nuestro. Soy causa y consecuencia del político que separa economía – ambiente – cultura – desarrollo de su accionar, en respuesta a cálculos pragmáticos.

Encuentro así las causas de esta crisis que es mía y que incluye aquella crisis de mi hija, de la cual aún no tengo información y que me ha llevado a escenarios diferentes. He llamado al celular de mi esposa y está apagado. Sin duda, otra vez sin batería. No sé cómo indagar que ha pasado en mi casa y aquí la chica “siempre sonriente” que nos brinda información, se mantiene en su discurso de que no es culpa de la aerolínea y que tan pronto tenga un nuevo reporte nos lo comunicará. ¿Tendrá hijos?…. mis hijos en medio de al menos, tres crisis. La que está sucediendo en casa y que desconozco, la crisis de este aeropuerto y la crisis de este planeta…y la chica sigue sonriendo.

***

Mario Álvarez y su mostacho juvenil que deja ver el alma que lo mueve. Allá está jugueteando con las aplicaciones de su celular. Siempre ha combinado su pensamiento clásico y profundo con  su actuar y sentido del humor juvenil. Creo que no es mala compañía para estos momentos. Me aproximo y lo noto distraído, como siempre. “Don Mario, ¿demasiado sueño?”…ese es mi saludo. Me mira y con tono fuerte mientras frunce su seño interpretando la rudeza de los años me dice con sarcasmo “sólo un sueño pero espero que se me cumpla antes de morir”. ¿Cómo la palabra “sueño” puede tener al menos estos dos significados?, ¿Cómo Mario me lleva a un tema no previsible en este desorden?… los sueños… que en palabras de sabiduría popular, la cuota inicial de las realidades. Los aviones (ya que estoy aquí en el aeropuerto), los celulares, los libros y cada cosa creada por el hombre primero fueron sueños. Me gusta esa aproximación. “sueño con estar ya en mi casa”… lo estaré, pero no ya…es decir, los sueños tienen un proceso de construcción que depende de intereses pero también de condiciones. Mientras caminamos juntos buscando un espacio para dos, en donde podamos instalar los computadores en búsqueda del archivo que siempre nos hemos jurado compartir, me atrevo a repasar mentalmente todo este escenario de crisis y atreviéndome a detectar un sueño o las realidades que ya estén en construcción para evitar esa crisis global, que parece inevitable. Otra paradoja…evitar lo inevitable,… recuerdo aquel discurso en donde lo improbable era la metamorfosis, pero que aun así, era lo que esperábamos.

¿Qué cosas deben cambiar para que la humanidad y el planeta entero tengan la oportunidad de sobrevivir? Algunos hablan de reducir los indicadores de natalidad, de cambiar las fuentes de energía, fortalecer las democracias o tener un ser humano más culto. Diferentes vías para un objetivo compartido. En mi concepto, debemos iniciar permitiendo que cada ser humano sea un “sujeto moral”. Ni más ni menos, Alguien que cuando sienta, piense y actúe tenga tres niveles de representación: se represente a sí mismo, represente los valores de la comunidad y represente también a la naturaleza ya que es desde allí donde nos desprendemos y ésta tiene valor en sí misma más allá del valor de uso que lo podamos ofrecer.  Con seres humanos concebidos como sujetos morales nuestras acciones tienen más sentido ya que involucran una visión más integral a la hora de tomar decisiones y amplia nuestro concepto de “responsabilidad”. Esta condición, mucho más exigente, requiere una humildad cognoscitiva por parte de cada uno de nosotros, una capacidad de articular lo individual con lo colectivo y una disposición a plantear soluciones desde la integración de nuestros saberes. Sin duda alguna podemos volver a la solidaridad tradicional de nuestros pueblos y familias abandonando las soledades individuales que hoy son nuestro factor común. Recuerdo como en una población cercana a mi trabajo las personas hablaban de “convites” para referirse a aquellas actividades conjuntas para atender sus cultivos, cuidar sus reses o resolver problemas que siempre llevaban el adjetivo de “comunitario”. Ante la “crisis” la mejor y primera respuesta, nosotros como “sujetos morales”. Una muy buena forma de reiniciar y a todos los niveles incluyendo al científico – como mi amigo Mario quien se consume en sus investigaciones de asfaltos desde su grupo de investigación. Se me hace gracia el pensamiento y le pregunto, con la previa explicación necesaria: “Mario, ¿es usted un sujeto moral?”. Quiero ponerlo en problemas y tomar ventaja de una posible confusión. Sin pensarlo me responde “un sujeto moral requiere de una sociedad moral para poder ejercer su condición, así que respóndame “¿facilita usted mi condición de sujeto moral?”.

Me levanta las cejas rápida y reiteradamente demarcando su salida afortunada ante la pregunta. Sus gafas se mueven y entonces yo recaigo nuevamente en la crisis casera que me acongoja. Busco el celular en mi pantalón y reitero en las llamadas a casa y a mi esposa siendo infructuoso este nuevo intento. La incertidumbre aumenta a pesar de que la lluvia parece ceder y los anuncios de salida hacia otras ciudades ya inician a moverse. Cartagena está “en sala”, Cali “en sala”, Pereira “abordando”. Todo parece mejorar y algunas sonrisas cansadas se vislumbran entre la diversidad del salón que se agita. Una voz estridente anuncia salidas, personas toman rápidamente sus maletas y logro percibir el llanto de un niño que se despierta con la situación. ¡Qué caos!…oigo a mi derecha. Una señora ya en sus sesenta años se queja con su esposo que no parece menor que ella. ¿Caos? Podría interpretarse como una situación no deseada, pero por el contrario, es la situación esperada. Los vuelos se abren y la movilización inicia. Es mejor esto que estar aún sentados esperando….¿caos?… noto movimientos que no entiendo pero que tienen razón para quienes son sus protagonistas. Alguien ha escuchado en medio del ruido su nombre, otros desde la distancia divisan en la pantalla que su vuelo ya pronto partirá, aumentan las idas al baño por parte de las personas y todo parece un desorden, pero todo inicia a suceder tal y como corresponde. También veo personas ingresar que provienen de vuelos que pueden aterrizar. Es decir, no siempre el caos es catástrofe. Y quizás la incorporación de un “sujeto moral” y así mismo una “sociedad moral” (recuperando la expresión de mi amigo) requieren de un caos. Anunciar un “sujeto moral” sería como anunciar que un vuelo va a partir. Esto requiere acomodaciones, cambios, alertas, toma de decisiones. Entre estos ajustes sociales quizás los más importantes pueden estar alrededor de la concepción de la importancia y uso del conocimiento, especialmente del científico ya que desde allí se alimentan poderes sociales, económicos y políticos. Además, ha sido un conocimiento que habiendo extendido fronteras con la ética y el sentido de humanidad, niega o se opone a otros conocimientos con los que la sociedad en general afronta su cotidianidad. Sueño entonces con los científicos amigos de Mario y con aquellos que trabajan en la Facultad de Ingeniería Química. Los veo estableciendo desde sus disciplinas un dialogo respetuoso con la naturaleza para lo cual abandonan su tradicional posición de “observador – objeto” en donde lo importante es guardar una posición “pseudo-objetiva”. Por el contrario, veo investigadores conscientes de sus pre-saberes de todo tipo y la forma en que estos influyen en sus aproximaciones epistemológicas y metodológicas.  Me deleito con la posibilidad de que el científico siempre se esté preguntando “¿qué es la ciencia?” y que en este cuestionamiento se preocupe no sólo por la veracidad sino también por la pertinencia ética del saber.

 

 

***

“Crisis”, “caos”…. ¿qué sucede en mi casa en este momento?… si bien en Bogotá dejó de llover, aquí en Bucaramanga sigue lloviendo. El taxi se mueve lentamente detrás de otros autos que intentan salir del peaje de la manera más rápida posible. Ya son las 8:47 de la noche y aún no llego a casa…¿estarán todos allá? Con tanto compromiso por parte de cada uno de nosotros a veces parece que nos convertimos en un reloj. Cada uno con sus funciones para la cual intentamos ayudarnos mutuamente. Así las cosas son más fáciles, o más divertidas que también es importante. Me gusta vernos como un todo llamado “familia” que tiene un buen “funcionamiento” pero en donde los diferentes elementos ejercen “funciones” diferentes. Mi esposa es referente moral y bastión de la disciplina. Yo  soy soporte logístico. Mis hijos motores del sistema…en fin…me agrada la palabra “sistema”. Creo que para la construcción de esa nueva sociedad con “sujetos morales” hay algunos conceptos que pueden ser pilares en ese sueño de una “sociedad-mundo” que integre todas las realidades sin querer absorberlas o estandarizarlas.

Definitivamente el concepto “sistema” creo que encaja muy bien en esta intencionalidad. Desde aquí se pueden concebir varios rasgos característicos de la realidad. El primero, que la realidad puede expresarse mediante “sistemas” que son “recortes” legítimos de ésta y en donde se distinguen con claridad sus elementos heterogéneos constituyentes, la relación entre estos, los limites existentes y con todo esto, su estructura. Así nos podemos ver a nosotros mismos cada uno como un sistema, al igual que lo es cada miembro de mi familia por ejemplo. Pero mi familia es en sí misma un sistema, lo que convierte entonces a cada miembro en un subsistema que se relaciona con otros. Podría escalar esto a mi unidad residencial, ciudad y así sucesivamente. Pero al igual que mi familia, el bosque de región amazónica es otro sistema como también lo es la ciudad de Londres y lo es el sistema acuático conformado por manglares en la costa norte de mi país. Desde esta percepción del mundo – reconociendo sistemas abiertos que se cruzan y/o  se contienen – es más viable construir esa nueva sociedad ya que las interacciones,  que significan intercambios, están en el centro del análisis. Al reconocer las interacciones viene el reconocimiento del otro, de sus expectativas e incertidumbres. Esto permite co-crear el futuro de manera más sostenible. Vamos así desde estructuras estáticas hasta sistemas trascendentales (alternativos) pasando por sistemas cibernéticos, abiertos, genéticos-sociales y organizaciones sociales. En todos ellos, independiente de su composición y las relaciones intrincadas que allí encontremos, tenemos siempre la presencia del “evento”, del suceso esperado o inesperado que hace evolucionar el sistema y que puede generar enigmas, preguntas e incertidumbres que mueven el conocimiento que se tiene o que se quiera tener. Al escuchar a mi hija diciendo “tenemos una crisis” inmediatamente pienso en que sucedió un “evento” – quizás inesperado – que puede transformar la estructura de la familia ya sea por un momento, pero probablemente por toda la vida. Independiente de la magnitud, la convicción de que la familia tiene la capacidad de redefinirse según corresponda me acompaña y espero tener la fuerza para que así sea…¿qué estará sucediendo?

Mientras el taxi se libera de este tráfico congestionado y se deje deslizar por la montaña, busco otro concepto que sea importante para enfrentar esa crisis global. Así capturo otra expresión que me ha gustado y que han denominado “bióetica”. Entre sus características, ser un espacio donde se da la integración de lo científico y lo moral permitiendo que el conocimiento científico se someta a un escrutinio social. Lo importante, la construcción de un saber orientado al futuro que tienda puentes con otros saberes y concepciones éticas, pero que se perciba como elemento integrador a la solución del problema de la supervivencia humana. Le pregunta en tono juguetón al taxista por la ética y me ha respondido que “se la robaron”. Antes de que me atropelle con el cumulo de quejas con que suelen cargar, le hago saber que quiero cerrar mis ojos y descansar un poco. Muy cómplice él baja el volumen de la radio, pero se pone a silbar,

Mientras me resguardo en mí mismo y para distraer esta ansiedad por llegar, revuelco en mis pensamientos un último concepto. Un poco menos cotidiano aparece el concepto de interdisciplinariedad. En éste, parto de la importancia del conocimiento científico como insumo, más no único, para velar por nuestra sobrevivencia como especie. No se trata entonces de disciplinas obrando aisladas tratando de explicar y transformar el mundo. La concibo como el ejercicio integrador de las disciplinas desde el mismo momento en que se formulan las problemáticas existentes. Esto requiere de la generación de marcos epistémicos, conceptuales y metodológicos que se compartan entre los equipos multidisciplinarios que quieren un ejercicio interdisciplinario. Curiosamente observo entonces que la actividad científica es un sistema también conformado por diferentes elementos dentro de una estructura determinada por la relación entre ellos.

Finalmente, de término en término mientras me acerco a mi residencia aparece aquella expresión…la complejidad. De hecho, ha sido un día complejo…más allá de complicado. Un día en donde la incertidumbre ha acompañado el devenir y en donde el caos se ha hecho presente. Ha sido difícil simplificar lo sucedido. ¿Messi o Cristiano?…su respuesta no debe basarse en un ejercicio simplificador soportado en la reducción y cuantificación de la realidad. Así tampoco se puede simplificar la realidad del transporte aéreo y mucho menos lo que pueda estar sucediendo en mi “sistema familiar”. Es la consciencia de esta complejidad de la realidad lo que nos puede ayudar a encontrar respuestas diferentes a problemas que se deben plantear de manera diferente. ¡Si señor! La complejidad que integra orden y desorden, progreso y degradación, conocimiento e ignorancia. Un mundo complejo compuesto por sistemas complejos que se relacionan entre sí aumentando la complejidad. Mi hija de ocho años y su complejidad…”orden y desorden”…”sueños y realidades”… “sonrisas y llantos”… No resisto más, la puerta de mi casa a 12 metros y ya dejó de llover…y no veo ninguna luz prendida en su interior… He de enfrentar mi realidad.

 

Jaime Yanes Guzman
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