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La Meditación y el Ch’i como energía vital

Dr. Jaime Yanes Guzmán

La Danza de Shiva

Capra, F. (2003:35-6). Sabiduría insólita. Barcelona: Editorial Koirós
“Estaba sentado junto al mar un día al atardecer, observando el vaivén de las olas y
sintiendo el ritmo de mi respiración, cuando de pronto pasé a ser consciente de todo lo que me
rodeaba como imbuida en una gigantesca danza cósmica. Como físico, sabía que la arena, las
rocas, el agua y el aire que me rodeaba estaban compuestos de moléculas y átomos en vibración,
y que éstos eran partículas que reaccionaban entre sí, creando y destruyendo otras partículas.
También sabía que lluvias de “rayos cósmicos”, partículas de alta energía que experimentaban
colisiones múltiples al penetrar en el aire, bombardeaban constantemente la atmósfera terrestre.
Todo esto me resultaba familiar gracias a mi investigación de la física de altas energías, pero hasta
entonces sólo lo había experimentado a través de cuadros, diagramas y teorías matemáticas.
Sentado en la playa, mis anteriores experiencias cobraron vida : “ví” las cascadas de energía
procedente del espacio exterior, en las que se creaban y destruían partículas en pulsaciones
rítmicas; sentí su ritmo y “oí” su sonido, y en aquel momento supe que aquello era la danza de
Shiva, señor de la danza adorado por los indúes”.

 

Introducción

La intención en este artículo es analizar el Ch’i desde dos de sus manifestaciones. La primera es entender el Ch’i como un movimiento libre que se mueve al margen de que la conciencia humana lo perciba. El se desplaza desde el cosmos hacia el mundo terrenal y todos los sistemas vivos, y viceversa. Desde una mirada holística, entendemos que llega a los lugares más insospechados como una energía vital que se la entiende como una pauta estructurada de los procesos de múltiples fluctuaciones interdependiente, que interactúa con su entorno natural, asumiéndolo además como base de todas las formas de vida en el universo.

En su segunda manifestación, lo entendemos como un movimiento provocado que la mente humana puede controlar, un movimiento que lo hace posible la conciencia, que maneja el ch’i también  en esos mismos espacios, pero además lo transforma en meditación en movimiento al cual le podemos dar determinada direccionalidad. Y esa direccionalidad  permite provocar situaciones en el organismo que tienen como objetivo fortalecer y/o sanar partes enfermas del cuerpo humano. Ello es posible porque el cuerpo humano se encuentra sistémicamente interconectado dentro de él, y con su entorno cercano y lejano.  Esto se realiza debido a la existencia de una serie de partículas subatómicas que en sus interconexiones tiene la propiedad de ser sucesos dóciles. Se trata de partículas subatómicas que carecen de masa.  Los llamados “sucesos dóciles” son infinitos que localizan las interacciones con las demás partículas y cuerpos, los cuales provocan cambios en otras partículas y en el propio cuerpo humano en forma consciente.

Algunas concepciones sobre el Ch’i

Para las distintas escuelas chinas de ch’i kung, el ch’i es energía que recorre el cuerpo humano. En esta perspectiva, debiera ser entendido como fuerza, vigor, pujanza, ímpetu, empuje, entereza, entre otros. Podría ser entendido como la aplicación de una fuerza, como la energía que circula por el cuerpo humano, como la aplicación práctica del ch’i que circula por el organismo. También hay que entender el ch’i en su relación cósmica y terrestre.

Hay otras interpretaciones de la palabra Ch’i. Para algunos significa literalmente “vapor”. En la antigua China se lo describía como  “aliento”, “energía” o “energía vital”, y se lo entendía como la base de la vida de todo el cosmos. Desde esta perspectiva, se suponía que era el Ch’i el que permitía que las personas estuviesen vivas.

Capra plantea que hay una relación del ch’i con el concepto de energía en la física, que se entendía como medida cuantitativa de actividad que traslada algún tipo de materia. Y en el caso de los sistemas de la vida, se lo aceptaba como múltiples fluctuaciones interdependientes, agregando además, este autor, que la posición de los chinos era entender el concepto de ch’i como una pauta total de los procesos de fluctuaciones. Este autor nos señala, que dichas fluctuaciones tienen dirección e intensidades relativas, entre otras características.

Al mismo tiempo lo plantea, como una visión no cuantitativa. El ch’i está asociado a procesos, a pautas dinámicas como una descripción de procesos. Se utiliza en la medicina china, continua Capra, para describir pautas de fluidez y fluctuaciones en el organismo humano. Este autor avanza  en la idea de que el ch’i tiene que ver con los intercambios constantes de energías entre el organismo y su entorno local y universal.

El ch’i no es un proceso cuantitativo porque no es el movimiento de ninguna substancia, sino que se refiere al flujo y las fluctuaciones cíclicas dentro del organismo, así como entre éste y su medio. El término fluctuaciones debe ser entendido como el dinamismo, el movimiento constante en la naturaleza.

1 Capra, F. (2003). Sabiduría insólita. Barcelona: Editorial Koirós.

Porkert, según Capra señala que el ch’i es movimiento estructurado y con determinada dirección. Niega que sea un movimiento fortuito, o que sea energía. Según Porkert, ch’i es una calificación que está relacionada con determinada dirección. Y esa direccionalidad la realiza y conserva a través de pautas. Es un concepto teórico que en el lenguaje cotidiano prácticamente no existe.

En qué consiste la direccionalidad del ch’i?

Es su aspecto cualitativo en un sentido limitado, se refiere a una direccionalidad del  movimiento, los procesos, funciones o cambios importantes que se manifiestan en las pautas de las fluctuaciones, dinámicas que denominamos ch’i. Es su aspecto clave. Porque estas fluctuaciones nos muestra que Ch’i no es el vacío, es una pauta estructurada de relaciones con una dirección determinada

En un sentido holista, el ch’i  está interconectado e interdependiente con todos los organismos. Esta mirada holística nos señala que el organismo interactúa constantemente con su entorno natural y social. Y ello por supuesto que provoca influencias en el propio organismo.

Regulación del flujo de la energía vital

El Ch’i es una pauta de fluctuaciones cíclicas con determinadas direccionalidad dentro del organismo vinculando a todos sus órganos. Además interactuando con el entorno más cercano de nuestro planeta, y el cósmico, tiende a aumentar con sus posturas corporales la capacidad pulmonar y las funciones de inspiración y expiración.

Estos flujos regulados que se generan con el ch’i kung desarrolla la fuerza muscular, proporcionando crecimiento armónico de todo el cuerpo con sus órganos internos, manteniéndolo flexible y joven. Su práctica permite superar también trastornos mentales y emocionales, es decir, las pautas de fluctuaciones tienen la direccionalidad determinada de mantener buena salud. Los ejercicios se hacen sin generar tensiones a través de una postura recta relajada y escuchando la “voz del cuerpo”.

El ejercicio debe trabajar simultáneamente el cuerpo físico, la mente y el espíritu. Y cada uno de nosotros debe convertirse en su propio maestro y guía. Debemos mover a nuestro cuerpo para que la sangre y la energía fluya por todos los órganos. Los ejercicios no deben ser muy exigentes para evitar lesionarse. Tampoco deben ser muy débiles para asegurar su eficacia y que nos libere del dolor y los malos hábitos que nosotros mismos hemos creado. En definitiva, debemos fortalecer nuestro cuerpo, calmar nuestra mente y elevar nuestro espíritu.

El Ch’i cósmico

Un enfoque holista del organismo humano nos permite entender que éste es parte de la naturaleza, y permanentemente sujeto a las influencias de las fuerzas naturales, tanto terrenales como cómicas. Para entender el ch’i cósmico y la meditación es necesario asumir que existe una interrelación de todos los órganos del cuerpo humano, de éste con su entorna natural planetario, y en última instancia, una interrelación de lo humano y lo terrenal con todo el universo.

Cómo asumir la comprensión de la totalidad de la vida como posibilidad de existencia del ch’i, en la que toda forma de fragmentación ha cesado?

Es posible alcanzarla a través de la meditación y de la reacción sensorial?

Durante muchos siglos, la percepción, según Krishnamurti,(Ver Capra 2003) pertenecía al ambiente cotidiano del científico, causaba una reacción sensorial. Y con ello describían los fenómenos naturales. Pero cuando los físicos fueron penetrando en el mundo microscópico, el conocimiento de la naturaleza deja de pertenecer a la experiencia sensorial directa, teniendo el lenguaje común dificultades para describir los fenómenos observados de la naturaleza. Según este autor, la física atómica por primera vez observa la naturaleza esencial de las cosas, y como los místicos, a través de esta experiencia no sensorial de esa realidad se detienen en aspectos paradójicos de tal experiencia. Ello hace posible vislumbrar por primera vez la existencia de un ch’i cósmico.

Capra (2003:51) dice que cuando escribió El Tao de la Física se dio cuenta de que no se trataba de similitudes terminológicas superficiales entre lo místico y lo físico. “Ambos llegan a la misma conclusión; uno partiendo del reino interno y el otro del mundo exterior. La armonía entre sus puntos de vista confirma la antigua sabiduría indú de que Brahma, la última realidad externa, es idéntica a Atman, la realidad interna”. Es decir, el ch’i cósmico como pauta es idéntico al ch’i terrenal y corporal, y ello hace posible la meditación en movimiento. Según Capra (2003:5), Hay que entender “a las partículas subatómicas como pautas dinámicas, como sucesos en lugar de objetos”. Podríamos concluir que el ch’i cósmico también son pautas dinámicas que fluyen y no objetos, energía o masa.  Era posible ahora entender los dos modos complementarios del conocer.

Según Heisenberg, (2003:56-7), la hipótesis de bootstrap plantea que la naturaleza debe entenderse  a través de su auto-consistencia, es decir, de sus relaciones mutuamente consistentes, de la consistencia “entre sí y consigo misma”. El universo es una red de sucesos donde el ch’i cósmico se manifiesta como pautas dinámicas interrelacionadas, y ninguna de sus propiedades tienden a ser más importantes que otras. Todas ellas se desprenden de las propiedades de otras partes, determinando la estructura de la totalidad, la consistencia global de las interrelaciones de estas pautas dinámicas. En este contexto es posible la meditación desde el espacio cósmico al cuerpo humano pasando por lo terrenal.

Existen una serie de partículas subatómicas como protones, neutrones y últimamente los  quarks, todas ellas fuertemente interactivas, como una red dinámica, como hemos señalado, de sucesos interrelacionados, donde cada partícula está relacionada con todas las demás, incluso consigo mismo. Esto caracteriza al ch’i cósmico y permite la meditación en movimiento, que nace cuando estas partículas subatómicas se transforman en pautas interactivas e interrelacionadas.

En esta serie de partículas subatómicas  nos encontramos fundamentalmente con una de ellas que en sus interconexiones tiene la propiedad de ser un suceso dócil. Se trata de los fotones  que son partículas de luz y electromagnéticas y carecen de masa. Esto le permite  por medio de la meditación incluso actuar en el seno de otras partículas, en sucesos que sólo causan pequeños trastornos. Los llamados “sucesos dóciles” son infinitos que localizan las interacciones con las demás partículas y cuerpos, y que reciben el nombre de objetos aislados. Expresa con fuerza lo que entendemos por ch’i cósmico.

Estos objetos aislados entendidos como “sucesos dóciles o débiles” es el ch’i cósmico que se localiza por intermedio de la meditación, en interacciones con otras partículas y cuerpos, como planetas, seres vivos, etc. Aparecen como objetos aislados pero se trata de ”objetos” sin masa, y por ello “dóciles”.

Lapiedra (2008) asevera que estos sucesos complejos de apariencia débil, aislados modifican las características de la observación y la medición y de la realidad objetiva. Un observador no ve meditando este potente proceso de transformación constante de todas las partículas por la influencia de estos sucesos débiles, pero que mutan constantemente la globalidad de la red interrelacionada.

 

La visión hermenéutica de los físicos cuánticos les permite concluir que la actuación con la meditación de estas partículas carentes de masa dentro del resto de la realidad, crea una variedad de estados posibles y que no se realizan, base de la complejidad de los procesos. Al actuar como ondas no actúan como movimiento de la materia, sino que “en” la materia, dentro de ella trasmitiendo energía, información, “novedades”.

 

Esto es posible por la existencia de la realidad holográfica como forma natural de interconexión indivisible de los componentes de la realidad, que hace que todas las partículas estén comunicadas entre sí, haciendo posible la meditación, con un trasfondo de realidad que desconocemos por ser posiblemente de otra dimensión, y sólo la presentimos separada porque la mirada humana fracciona la realidad. Esto nos obliga a desarrollar teorías intersubjetivas complejas denominadas de red o entrelazamiento, en que nada es fundamental. Los científicos deben ser capaces de descubrir que los sucesos que investigan están inmersos en un holomovimiento, en una interobjetividad donde lo que importa es la estructura de ese movimiento y la diversidad y la unidad del universo, desde donde emergen todas las formas de aquel.

Cómo es posible la existencia del Ch’i cósmico en el universo?

Bohm (Ver Capra:72) desarrolla el concepto de totalidad indivisa. Sostiene que existe un orden intrínseco en una red de relaciones que no es manifiesto, aparentemente oculto. Lo describe como un holograma, en que “cada parte contiene el todo”. Desde esta perspectiva podríamos decir que cada ch’i contiene al resto de los ch’i, que hay una unidad del ch’i a pesar de que el fluya libremente o por medio de la meditación sin cesar por todo el universo. Él lo denomina como un orden “implicado”, “envuelto”.

Bohm (Ver Capra)  agrega que existe un holomovimniento muy dinámico de la realidad subatómica desde donde fluye el ch’i con libertad, del que emergen todas las formas del universo físico. En ese holomovimiento, la meditación puede además mover dinámicamente el ch’i sin ningún tipo de límites. La preocupación no es una supuesta estructura del ch’i, sino que hay que hablar de una estructura del movimiento del ch’i, su naturaleza dinámica de relaciones donde todo está interconectado. Explicar el chí de una parte del universo necesita entender al universo mismo, lo que es en extremo difícil, prácticamente imposible.

La estructura del movimiento del ch’i cósmico también posee principios de organización entendidos como “la pauta que los conecta”. Es una pauta que conecta todas las formas de vida y no vida del universo. Y nos conecta no como objeto sino como relaciones, como conjunto de relaciones libres de todas las formas de vida y no vida, desde simples moléculas a planetas y estrellas. Estas partículas subatómicas se manifiestan como ondas de radio y plasma que se convierten en sonido y que tienen un tamaño de cerca de un micrón, es decir, una millonésima de parte de un milímetro, y se transforman en “sucesos dóciles o débiles” que impacta y atraviesan todo los “objetos” que existen en el espacio cómico o planetario, transformándolos incesantemente muy débilmente.

 

La mente, la espiritualidad y el cosmos

 

Según Campbell, Piaget plantea que el conocimiento es activo y que va cambiando en los distintos períodos de desarrollo del ser humano.  La mente a través de la meditación en todos sus niveles va dotando de sentido al mundo y al ser humano, que se plasman en principios que constituyen su estructura cognitiva y que va construyendo en su interacción con el entorno. La inteligencia humana se manifiesta en la meditación porque tiene estructuras innatas en su sistema nervioso que le da conocimientos previos. Los seres humanos deben ser capaces de construir constantemente esas meditaciones  pertinentes y adecuadas para entender las perturbaciones que el mundo les gatilla constantemente.

Por su parte, Bateson ( Ver Capra, 2003:90), plantea que “la estructura de la naturaleza y la estructura de la mente son reflejos la una de la otra”. Concluye que ambas configuran una unidad. A través de ésta unidad, el ch’i cósmico  se realiza libremente o por medio de la meditación como “pauta que conecta”.

Este autor busca superar la división cartesiana de mente y cuerpo que ha dominado tres siglos en el pensamiento científico. Esta división impide la meditación, y por ello, conocer el ch’i, porque entorpecería su camino, no se entendería  el rol de la mente y la meditación en la autoorganización del cuerpo porque estarían separados. La meditación es un esfuerzo por dirigir y atraer el ch’i desde el cosmos, hacerlo recorrer con la mente todo el cuerpo haciendo masajes mentales en todas aquellas estructuras del organismo que se encuentren  lastimados, a través de fluctuaciones débiles con el fin de generar sanidad en todas ellas.

Bateson plantea que la mente es un fenómeno de los sistemas vivos, cuyas características les permite procesar información  y pensar, aprender, recordar, meditar, entre otros. Agrega que todo organismo vivo es un sistema autoorganizador, autopoiético en el sentido de Maturana, y que su orden lo impone el propio sistema. El entorno perturba el sistema, pero es autónomo, y es él el que define como autoorganizarse para enfrentar esas perturbaciones. Si mente y cuerpo están tajantemente divididos como lo plantea el cartesianismo, esto no sería posible.

Esta propiedad autopoiética que poseen los observadores como seres humanos consiste en que se trata de unidades organizadas como sistemas que generan  sus propios procesos de producción de componentes y relaciones entre ellos a través de sus continuas interacciones y transformaciones, y constituyéndose de esta manera como unidad en un espacio físico determinado. Los seres humanos se transforman en sus procesos de entropías internas gatillados –y sólo gatillados- por el entorno con sus anomalías y perturbaciones, pero los cambios que se especifican dentro de ellos  son  seleccionados por los propios observadores afectados en función de su mantención como seres con características autopoiéticas.

 

Por su parte, Bateson (Ver Capra:97) señala que mente y autoorganización son aspectos distintos, pero del mismo fenómeno de la vida. Desde esta perspectiva, el ch’i entendido como pautas que conectan  puede existir y circular libremente sin problemas. Un sistema vivo al autoorganizarse por perturbación del entorno, se entiende como producto de este ch’i cósmico que es la fuente de toda vida y de todo lo que existe.

Por otra parte, existe el concienciamiento espiritual, la meditación, la conexión entre ecología y espiritualidad, donde espiritualidad es la esencia, según Bateson, (Ver Capra:126) del concienciamiento ecológico. Es la forma en que nos sentimos en la meditación, a través de las pautas del ch’i, conectados al conjunto del cosmos. Es un concienciamiento ecológico fundamentalmente espiritual. La mente con la meditación puede ser capaz de trasladar conscientemente el ch’i desde el cosmos, del propio cuerpo y del entorno terrenal por toda su estructura corporal, provocando transformaciones débiles pero decisivas. Este proceso de meditación en movimiento permitiría fortalecer el organismo humano, enriquecer su estructura, sanar sus debilidades. La meditación produce una conexión a través de pautas entre ecología y espiritualidad, un “concienciamiento intuitivo de la unicidad de toda la vida, la interdependencia de sus múltiples manifestaciones y de sus ciclos de cambio y transformación”, lo que permite la existencia del ch’i cósmico que a través de la meditación todo lo impacta débilmente, pero transformándolo.

 

Conclusión

Podemos concluir que el alma y el cuerpo son una sola cosa. El cuerpo es una porción del alma que la conciencia visualiza. Y la energía es la vida que procede libremente como ch’i interno que se mezcla con lo cósmico y terrenal, es un ch’i eterno. El cuerpo es un fenómeno de autoorganización autopoiética como manifestación de la mente frente al trastorno del entorno. Desde esta perspectiva, todas las estructuras, desde las partículas subatómicas hasta las galaxias y de todo lo vivo, son manifestaciones a través de las pautas de flujo del ch’i, que logra que todo se transforme continuamente entre sí en un proceso creativo ilimitado. Este factor es de donde permite que emerja todo lo demás. Porque nuestras estructuras de la conciencia se corresponden con las del universo. Y es una interconexión fundamental.

Hay una tendencia de todas las cosas del retorno al equilibrio homeostático. El organismo humano es parte de la naturaleza y sujeto a sus fuerzas de distinta índole. Los sistemas de la vida son organismos vivos caracterizados por múltiples fluctuaciones que son interdependiente. La pauta de dichos procesos múltiple de fluctuaciones es el concepto de ch’i. La meditación conscientemente puede hacer que el ch’i trasmita y conserve pautas. La meditación empuja intencionalmente en una direccionalidad determinada entendida como cualidad, como cambios vitales importantes en determinados procesos. Podemos concluir que el ch’i a través de la meditación es una pauta estructurada de relaciones, definida de un modo direccional.

Estas partículas subatómicas suceden en la meditación como “sucesos débiles” porque carecen de masa. Por esta razón, meditando, los llamados “sucesos dóciles” son infinitos que localizan sus interacciones en el seno de otras partículas, en sucesos que sólo causan permanentemente pequeños trastornos positivos en diversas partes del cuerpo, pero ilimitados, sanándolo si estuviesen dañados.  Expresa con fuerza lo que entendemos por ch’i cósmico, y a la meditación la forma en que se crea el camino que recorre cosmos, entorno terrenal y cuerpo.

 

Bibliografía

1 Capra, F. (2003). Sabiduría insólita. Barcelona: Editorial Koirós.
2 Capra, F. (2003). Sabiduría insólita. Barcelona: Editorial Koirós.
3 Capra, F.(2003). Sabiduría insólita. Barcelona: Editorial Koirós.
4 Capra, F.(2003). Sabiduría insólita. Barcelona: Editorial Koirós.
5 Capra, F.(2003). Sabiduría insólita. Barcelona: Editorial Koirós.
6 Capra, F.(2003). Sabiduría insólita. Barcelona: Editorial Koirós.
7 Capra, F.(2003). Sabiduría insólita. Barcelona: Editorial Koirós.
8 Capra, F.(2003). Sabiduría insólita. Barcelona: Editorial Koirós.
9 Campbell, J. (1997). La máquina increíble. Santiago de Chile: Fondo de Cultura
10 Capra, F.(2003). Sabiduría insólita. Barcelona: Editorial Koirós.
11 Maturana, H. y Varela, F. (1984). El árbol del conocimiento. Santiago de Chile: Editorial Universitaria
12 Capra, F. (2003). Sabiduría insólita. Barcelona: Editorial Koirós
13 Capra, F. (2003). Sabiduría insólita. Barcelona: Editorial Koirós

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